viernes, 21 de octubre de 2016

Adoracion, rezo de rodillas, oración ...

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta
Jueves, 20 de octubre de 2016
Acabamos de leer en la Primera Lectura (Ef 3,14-21) cómo el Apóstol de las Gentes pide que el Espíritu Santo dé a los Efesios la gracia de “robusteceros”, para que Cristo habite en sus corazones. Ahí está el centro. Pablo se sumerge en ese mar inmenso que es la persona de Cristo.

Pero, ¿cómo podemos conocer a Cristo? ¿Cómo podemos comprender el amor de Cristo que supera todo conocimiento? Cristo está presente en el Evangelio: leyendo el Evangelio conocemos a Cristo. Y eso lo hacemos todos; al menos oímos el Evangelio cuando vamos a Misa. Y también con el estudio del Catecismo: el Catecismo nos enseña quién es Cristo. Pero eso no es suficiente. Para ser capaces de comprender “lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo” de Jesucristo hace falta entrar en un contexto, primero, de oración, como hace Pablo, “de rodillas”: Padre envíame el Espíritu para conocer a Jesucristo. Así pues, para conocer de verdad a Cristo es necesaria la oración.

Pero Pablo no solo reza, adora ese misterio que supera todo conocimiento, y en un contexto de adoración pide esa gracia al Señor. No se conoce al Señor sin la costumbre de adorar, de adorar en silencio, ¡adorar! Creo, si no me equivoco, que esta oración de adoración es la menos conocida por nosotros, la que menos hacemos. Perder el tiempo —permitidme decir— delante del Señor, delante del misterio de Jesucristo. Adorar. Y en silencio, el silencio de la adoración. Él es el Señor y yo adoro.

Tercero, para conocer a Cristo es necesario tener conciencia de nosotros mismos, es decir, acostumbrarnos a acusarnos, a llamarnos pecadores. No se puede adorar sin acusarse a uno mismo.

En definitiva, para entrar en ese mar sin fondo, sin orillas, que es el misterio de Jesucristo, son necesarias estas tres cosas. Primero la oración: Padre, envíame el Espíritu para que me lleve a conocer a Jesús. Segundo la adoración al misterio, entrar en el misterio, adorando. Y tercero, acusarse a sí mismo: Soy un hombre de labios impuros.

Que el Señor nos dé esta gracia que Pablo pide para los Efesios y también para nosotros, la gracia de conocer y ganar a Cristo.

jueves, 4 de agosto de 2016

Accedía, qué es eso? Tedio por lo religioso?

“La acedia es una enfermedad del alma que se manifiesta en el tedio, la desgana en la oración, el rechazo o la relajación en la penitencia, el descuido del corazón y la falta de interés por los sacramentos. Muchas veces estos síntomas son una prueba pasajera, pero la acedia puede conducir también a un auténtico entumecimiento espiritual.
Según la teología moral, la acedia es uno de los siete pecados capitales”

Pasaje de: Sarah, Cardenal Robert. “Dios o nada (Mundo y Cristianismo) (Spanish Edition).”

lunes, 1 de agosto de 2016

Dios no sabe contar

“Santa Teresa de Lisieux escribió unas frases sorprendentes sobre el purgatorio: «¡Escuche hasta dónde tiene que llegar su confianza! Debe hacerle creer que el purgatorio no está hecho para usted, sino solamente para las almas que han ignorado el amor misericordioso o que han dudado de su poder purificador. Con quienes se esfuerzan por responder a ese amor, Jesús es “ciego” y no “sabe contar”; o, mejor dicho, solo cuenta con ese fuego de la caridad que, para purificarlas, “cubre todas las faltas”, y sobre todo con los frutos de su perpetuo Sacrificio. Sí, pese a sus pequeñas infidelidades, puede esperar ir directo al Cielo, porque Dios lo desea aún más que usted y seguro que le dará lo que usted espera de su misericordia. Lo que premiará es su confianza y su abandono: su justicia, que conoce su fragilidad, está divinamente ordenada para hacerlo. Ahora bien, apoyado en esa certeza, ¡procure con más motivo aún que Su amor no disminuya!».”


viernes, 17 de junio de 2016

Un ejemplo Con moraleja


“La importancia de esta experiencia personal me trae a la memoria un apotegma de los Padres del desierto, que se me quedó grabado durante mis estudios bíblicos en Jerusalén. Está traducido del copto y se refiere a la importancia de la vida interior, imprescindible en toda vida cristiana: «Un monje se encuentra con otro y le pregunta: “¿Por qué son tantos los que dejan la vida monástica?”. Y el otro contesta: “En la vida monástica sucede como con un perro que persigue a una liebre y corre detrás de ella ladrando; otros perros, al oírle ladrar, se le unen, y corren todos juntos detrás de la liebre. Sin embargo, al cabo de un rato, los perros que corren sin ver la liebre se dicen: pero ¿adónde vamos?, ¿por qué corremos? Se cansan, se desaniman y, uno tras otro, van dejando de correr. Únicamente los perros que ven a la liebre continúan persiguiéndola hasta el final y la acaban cazando”». Conclusión de la historia: solo quienes tienen los ojos puestos en la persona de Cristo en la Cruz perseveran hasta el final…”

Pasaje de: Sarah, Cardenal Robert. “Dios o nada (Mundo y Cristianismo) (Spanish Edition).


viernes, 3 de junio de 2016

Iglesia, feminismo y cupos.

“Dios nos pide que nos pongamos al servicio de la Iglesia. No se trata de hacer carrera. El «carrerismo» ya afecta a una parte demasiado grande del clero: ¡no propaguemos ese virus a las mujeres!
Las cuotas de reserva de puestos de trabajo pueden constituir un objetivo político, pero no parecen ser un criterio del Espíritu Santo. Creo que caeríamos en una inmensa trampa si confiáramos un dicasterio del gobierno romano a una mujer por el mero hecho de ser mujer. El criterio principal no debe ser el sexo, sino la fidelidad a la voluntad de Jesús, tal y como la ha entendido siempre la tradición de la Iglesia. Ahora bien, si una teóloga se encuentra en estrecha unión con el Magisterio y quiere ponerse al servicio de Cristo, como la Virgen María o María Magdalena, no hay ningún problema para que preste toda su colaboración a la misión de un dicasterio determinado, siempre que este coincida con su competencia.”

Pasaje de: Sarah, Cardenal Robert. “Dios o nada (Mundo y Cristianismo) (Spanish Edition).”


Como en la política solo por cumplir la ley de cupo que dice que  el % de mujeres debe de ser X  se rellena .... Eso no nos hace ningún favor, por qué al final hay quienes son elegidas a dedo y por rellenar. Mejor tener 100 % de personas hábiles y buenas profesionales que tener que rellenar con gente no válida sólo por ser de uno u otro sexo. A ver cuando llegamos a èsto.

domingo, 22 de mayo de 2016

Comuniones modernas

Leyendo " Dios o nada " de el CArdenal R Sarah he encontrado parte de un párrafo que me ha recordado lo que tanto me he oído a algunos, que se aburren en Misa, que es tan aburrido que los niños no quieren ir, que prefieren más música y que sea atractivo, interactivo, participativa....... Y en esta letras yo he visto una respuesta sencilla y clara. Habla del concilio Vaticano II.
Este mismo Sábado en la Misa coincidió que había primeras comuniones, por arte de magia se comieron el Padre nuestro y cantaron una canción que tenía peticiones parecidas..... Vienen los párrafos que ni al pelo. ( nadi se arrodilló en la consagración ...eso sí en La Paz todos se besaban y abrazaban, menos mal)

“Vimos a toda clase de creativos y animadores que buscaban más bien artimañas para presentar la liturgia de modo atrayente, más comunicativo, implicando cada vez a más gente, pero olvidando que la liturgia está hecha para Dios. Si Dios se convierte en el gran ausente, podemos llegar a toda clase de desviaciones, desde las más triviales a las más abyectas.
Benedicto XVI ha recordado con frecuencia que la liturgia no puede considerarse una obra de la creatividad personal. Si hacemos una liturgia para nosotros mismos, se aleja de lo divino: se convierte en una representación teatral ridícula, vulgar y aburrida. Y se desemboca en liturgias que parecen operetas, fiestas dominicales para divertirse o disfrutar juntos después de una semana de trabajo y de afanes de todo tipo. Después de la celebración eucarística, los fieles vuelven a casa sin haberse encontrado personalmente con Dios y sin haberle escuchado en lo más íntimo de su corazón. Falta ese cara a cara con Dios contemplativo y silencioso que nos transforma y nos devuelve las energías que permiten revelarlo a un mundo cada vez más indiferente a las cuestiones espirituales. El centro del misterio eucarístico es la celebración de la Pasión, de la dolorosa muerte de Cristo y de su Resurrección: si ese misterio queda ahogado por largas ceremonias ruidosas y recargadas, hay que temerse lo peor. Algunas misas son tan bullangueras que no difieren mucho de una feria de pueblo. Es necesario volver a descubrir que la esencia de la liturgia quedará eternamente marcada por el deseo de la búsqueda filial de Dios.”

Pasaje de: Sarah, Cardenal Robert. “Dios o nada (Mundo y Cristianismo) 

viernes, 29 de abril de 2016

Sobre exhortación, Divorciados y otras cosas importantes

Ayer estuve en una charla sobre Matrimonio y la Exhoratcion nueva que ha publicado Francisco Papa, me descubrieron Discurso D. Ricardo Blazquez inauguración 107  asamblea plenaria de la Conferencia Epsicopal Española y oír eso una vez leído pego aquí lo que más me ha llamado la atención.

Descargar la exhortación Click abajo.
Amoris letitia

Lo primero que pego es lo que más me ha chocado , pero para bien y que va casi al final del discurso.
Enumero.

1.
Este largo itinerario recorrido “sinodalmente” ha culminado en esta preciosa exhortación; no hay cambio de doctrina, como era de suponer, pero sí hay aliento nuevo, lenguaje nuevo y actitud nueva ante las variadas situaciones, que ya no son o todavía no son plenamente matrimonio cristiano. Abre caminos nuevos de actuación pastoral en la Iglesia, o, como dijo en la 14 presentación el cardenal Schönborn, “algo ha cambiado en el discurso eclesia”. - 
2.
«La alegría del amor (Amoris laetitia) que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia»: así comienza la mencionada exhortación apostólica postsinodal, firmada por el papa el día 19 de marzo, fiesta de San José. Este comienzo se sitúa en la misma perspectiva de su primera exhortación apostólica, que a su vez era programática de su pontificado. «La alegría del Evangelio (Evangelii gaudium) llena el corazón y la vida entera de los que encuentran a Jesús». La carta apostólica dirigida a todas las personas consagradas en el inicio del Año de la Vida Consagrada lleva por título Testigos de la alegría. Estas coincidencias reiteradas e intencionadas nos llevan a la conclusión de que la alegría y el gozo del Evangelio iluminan el magisterio del papa Francisco. No es con mirada oscura y triste, sino gozosa y esperanzada por la salvación que proclama el Evangelio y comunica el encuentro con Jesucristo, impregnada por la misericordia de Dios, con la que contempla el papa Francisco a la humanidad en la hora presente. Esta alegría es compatible con las pruebas, ya que para los discípulos de Jesús crucificado y resucitado la cruz y la luz se armonizan en su existencia marcada por la Pascua 9 (cf. 1 Pe 1, 6-9; 4, 12-14). Esta alegría tiene su versión en el matrimonio cristiano, que dilata la amplitud del corazón. «La alegría matrimonial, que puede vivirse aun en medio del dolor, implica aceptar que el matrimonio es una necesaria combinación de gozos y de esfuerzos, de tensiones y de descanso, de sufrimientos y de liberaciones» (AL, n. 126). La visión que transmite la exhortación apostólica es realista con finura por la cercanía cordial a las personas en sus situaciones concretas, y también gozosa por el amor de Dios. No es difícil descubrir entre el papa Juan XXIII y el papa Francisco una afinidad de espíritu y de actitudes. Dios no es fuente de aflicción y tristeza, sino de gozo y paz. El Evangelio es Buena Noticia para los hombres, que alegra el corazón de quienes lo reciben y de los misioneros que lo anuncian. Por ello, un santo triste es un triste santo». Cargar con la cruz siguiendo al Señor vencedor del pecado y de la muerte fortalece el ánimo y otorga confianza. Ha sido una significativa coincidencia el que la publicación de la exhortación Amoris laetitia (AL) haya tenido lugar en el Año Jubilar de la Misericordia, ya que la lógica de la misericordia es clave del documento. Así leemos: «Es providencial que estas reflexiones se desarrollan en el contexto de un Año Jubilar dedicado a la misericordia, porque también frente a las más diversas situaciones que afectan a la familia, la Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona» (AL, n. 309). La misericordia del padre bueno de la parábola restituye al pródigo en la dignidad de hijo y lo reintegra en la casa paterna; en cambio, el rigor del hermano mayor, que se juzgaba cumplidor intachable de las órdenes del padre, excluía a su hermano y se negaba a entrar en la fiesta del perdón y de la alegría (cf. Lc 15, 11-32). «Dos lógicas recorren, según el papa Francisco, toda la historia de la Iglesia: marginar y reintegrar. El camino de la Iglesia es siempre el camino de Jesús, el de la misericordia y de la integración. El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero; porque la caridad verdadera siempre es inmerecida, incondicional y gratuita. Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio» (AL, n. 297). Esto es válido para todos nosotros y también para los divorciados vueltos a casar. Por este dinamismo de la misericordia que tiende a integrar se comprende que nadie, aunque se halle en situación “irregular” por la unión matrimonial, debe considerarse excomulgado, al margen de la Iglesia y abandonado por Dios. No está remitido definitivamente solo a la misericordia de divina en su propio corazón y aisladamente, sino que puede continuar contando y viviendo en la Iglesia, que es casa de misericordia y sacramento de salvación. En diálogo cercano y confiado con otros cristianos y en movimiento de humilde retorno a Dios puede ser admitido por el ministro de la comunión eclesial en la vida y en las tareas de la Iglesia hasta donde ambos con sinceridad de conciencia y fidelidad evangélica, el presbítero y el cristiano que se halla en esa situación “irregular”, juzguen oportuno. En la exhortación apostólica es primordial el discernimiento cristiano. Supone la aceptación de la doctrina de la Iglesia y el respeto de las normas canónicas. Pero el discernimiento espiritual tiene algo de singular, ya que se trata de buscar la voluntad de Dios en una situación concreta de una persona singular. No basta para ello enumerar una casuística hasta el límite de lo previsible para encuadrar el caso concreto. Se requiere un aliento nuevo y una nueva actitud. El discernimiento, que nunca puede separarse de las exigencias de la verdad y del amor del Evangelio, busca abrirse a la Palabra de Dios que ilumina la realidad concreta de la vida de una persona, por definición irrepetible. Por ello, el discernimiento acontece en docilidad al Espíritu Santo. El discernimiento no significa ceder al individualismo ni al capricho de la persona; no es menos fiel al Evangelio que el atenimiento estricto a la letra. La conciencia personal, en que resuena la voz de Dios y brilla su luz, debe ser formada en el conocimiento del Evangelio y en la obediencia a Dios, pero no puede ser sustituida (cf. AL, n. 38); es como un santuario que nadie puede invadir. Como el discernimiento debe abrirse paso en la complejidad de una vida concreta con muchos condicionamientos, y como cada persona recorre su camino y tiene un ritmo propio de asimilación del Evangelio, no basta recordar y aplicar sin más los principios generales; debemos ejercitar la docilidad al Espíritu Santo, que actualiza, apropia y personaliza la Palabra de Dios en Jesucristo a cada cristiano. Acompañamiento de otros cristianos adultos, comunión leal en la Iglesia, obediencia fiel a Dios y escucha atenta de la conciencia convergen en el discernimiento. «A partir del reconocimiento del peso de los condicionamientos concretos, podemos agregar que la conciencia de las personas debe ser mejor incorporada en la praxis de la Iglesia en algunas situaciones que no realizan objetivamente nuestra concepción de matrimonio. Ciertamente que hay que alentar la maduración de una conciencia iluminada, formada y acompañada por el discernimiento responsable y serio del pastor, y proponer una confianza cada vez mayor en la gracia. Pero esa conciencia puede reconocer no solo que una situación no responde objetivamente a la propuesta general del Evangelio. También puede reconocer con sinceridad y honestidad aquello que por ahora, es la respuesta generosa que se puede ofrecer a Dios, y descubrir con cierta seguridad moral que esa es la entrega que Dios mismo está reclamando en medio de la complejidad concreta de los límites, aunque todavía no sea plenamente el ideal objetivo» (AL, n. 303). La exhortación apostólica es un gran documento por ser un escrito largo y por ser un documento importante. Las dimensiones de Amoris laetitia se explican por varios motivos. En la exhortación se recogen abundantemente párrafos de las dos Relaciones sinodales, de catequesis del papa Francisco y de otros documentos magisteriales, e incluso citas interesantes de teólogos y de personas dotadas de sabiduría y del don de la palabra. Es larga la exhortación porque está escrita con un estilo esponjado, ágil y bello. No es un escrito denso apto solo para técnicos; es de fácil lectura y comprensión. Aunque se lee sin necesidad de releer para entender bien, compensa siempre el trabajo de relecturas para percibir sugerencias interesantes antes inadvertidas. No es un escrito “plano”, sino rico y estimulante. Por otra parte, aunque los capítulos están bien trabados en el conjunto, se puede leer cada capítulo separadamente. El capítulo centrado en la Sagrada Escritura; el dedicado a los desafíos de la cultura y la sociedad actuales planteados a la familia; el bello capítulo cuarto, que trata del amor matrimonial, siguiendo el hilo conductor del llamado himno de la caridad (cf. 1 Cor 13), donde aparece que al amor genuino otras realidades le han robado indebidamente el nombre (santa Teresa de Jesús); el interesante capítulo sobre la educación de los hijos etc., pueden ser leídos por sí mismos. Igual que en una novela no se va directamente a ver el desenlace sin haber leído los capítulos precedentes, yo pediría que no se pase inmediatamente al octavo, donde los medios de comunicación fijaron su atención y atrajeron la de todos. 

lunes, 18 de abril de 2016

Sobre adivinos y lectura de cartas.

16 / 10:15 am (ACI/EWTN Noticias).- Durante la Misamatutina celebrada en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco abordó el pasaje evangélico del Buen Pastor y recordó que el camino verdadero a la salvación es Jesús, por lo tanto, exhortó a los fieles a no caer en la tentación de seguir adivinos y cartománticos porque esto solo los llevará por un camino equivocado.
“¡Quien sigue a Jesús no se equivoca!”, expresó el Papa. Sin embargo, seño aló que hay personas que dicen: “‘Eh, Padre, sí, pero las cosas son difíciles… Tantas veces yo no veo claro qué cosa hacer… Me dijeron que allá había un adivino y fui allá, o allí; fui a lo del cartomántico, que me tiró las cartas…’.
“‘¡Si tú haces esto, no sigues a Jesús!”, aseguró Francisco. “Sigues a otro que te da otro camino, diverso”. El Pontífice reiteró que solo Cristo puede indicar el verdadero camino y por ello advirtió a sus discípulos que “vendrán otros que dirán: el camino del Mesías es esto, esto… ¡No lo escuchen! No los escuchen a ellos. ¡El camino soy Yo!’. Jesús es la puerta y también el camino. Si lo seguimos a Él no nos equivocaremos”.
Francisco, citando el pasaje del Buen Pastor, recordó que Jesús dijo que “el que no entra en el recinto de las ovejas por la puerta”, sino que lo hace por otra parte, “es un ladrón y un bandido”. Porque Él es la puerta, y “no hay otra”.
“Jesús –explicó– siempre hablaba a la gente con imágenes sencillas: toda aquella gente sabía cómo era la vida de un pastor”. Y aprendieron que “sólo se entra por la puerta del recinto de las ovejas”. Los que quieren entrar por otra parte, por la ventana o por otra parte, en cambio, son delincuentes.
“De manera tan clara habla el Señor. No se puede entrar en la vida eterna por otra parte que no sea la puerta, es decir, que no sea Jesús’. Es la puerta de nuestra vida y no sólo de la vida eterna, sino también de nuestra vida cotidiana”.

En ese sentido invitó a los fieles a preguntarse si toman sus decisiones “en nombre de Jesús, por la puerta de Jesús, ¿o la tomo un poco –digámoslo con un lenguaje sencillo– la tomo de contrabando? ¡Sólo se entra en el recinto por la puerta, que es Jesús!”.
Por tanto Jesús, prosiguió el Pontífice, habla del camino. El pastor conoce a sus ovejas y las conduce afuera: “Camina delante de ellas y las ovejas lo siguen”. El camino es precisamente “seguir a Jesús” en el “camino de la vida, de la vida de todos los días”. Y añadió que no es posible equivocarse, porque “Él va por delante y nos indica el camino”.
Además, recordó que las ovejas siguen al Buen Pastor “porque conocen su voz”. “¿Cómo podemos conocer la voz de Jesús, e incluso defendernos ‘de la voz de aquellos que no son Jesús, que entran por la ventana, que son delincuentes, que destruyen, que engañan?’”
"‘Yo te daré la receta, sencilla –indicó el Papa–. Tú encontrarás la voz de Jesús en las Bienaventuranzas. El que te enseñe un camino contrario a las Bienaventuranzas, es uno que ha entrado por la ventana: ¡no es Jesús!’. Segundo: ‘¿Tú conoces la voz de Jesús? Tú puedes conocerla cuando nos habla de las obras de misericordia. Por ejemplo, en el capítulo 25 de San Mateo: ‘Si alguien te dice aquello que Jesús dice allí, es la voz de Jesús’. Y tercero: ‘Tú puedes conocer la voz de Jesús cuando te enseña a decir ‘Padre’, es decir, cuando te enseña a rezar el Padrenuestro”.
“Es tan fácil la vida cristiana. Jesús es la puerta; Él nos guía en el camino y nosotros conocemos su voz en las Bienaventuranzas, en las obras de misericordia y cuando nos enseña a decir ‘Padre’. Acuérdense, ‘la puerta, el camino y la voz. Que el Señor nos haga entender esta imagen de Jesús, este icono: el pastor, que es puerta, indica el camino y nos enseña a nosotros a escuchar su voz’”, concluyó el Papa.